domingo, 17 de mayo de 2015

The Road To Nowhere (El viaje a ninguna parte)

No es el tema de la agrupación estadounidense Talking Heads. Así se titula (sólo en español), parte de un pequeño artículo publicado el 5 de abril, en el suplemento “Viajes” del Diario Clarín.

Pese a estar en un minúsculo apartado, en la contratapa del suplemento mencionado, parece decir mucho, e incluso con una honestidad, que hace honor al título de la sección, “Zona Franca”.
Se hace mención al escritor francés Stendhal (née Henri Beyle, 1783-1842), que proponía escribir siempre a gran velocidad, bajo el golpe de las impresiones, y sin tomar en cuenta las reglas impuestas por la moda.
Según esta redacción periodística, el turismo no era para Beyle una presentación más o menos objetiva de los puntos de interés de una ciudad o un paisaje, era más bien el despliegue de sus propios sentimientos, es decir, había un preguntarse, por qué detenerse en Lyon o en Barcelona, por qué huir de París, por qué amar Roma, y la respuesta general era poner una excusa para que brotara la imaginación, las emociones, la mirada personal.
De esta forma, el autor aludido redactó diversas novelas, que describían frágiles emociones, exploración de sus recuerdos, humores y fantasmas. Recorrió toda Europa, en carácter de oficial de los ejércitos de Napoleón y como diplomático. Asimismo tomó la palabra del inglés “Tourist” (Turista), que años más tarde se popularizaría. 
Sus primeros libros eran guías, cuyo estilo rompía el hilo discursivo de los viajes pero sin abandonar la historia y el dato preciso. Cabe destacar, que no estaba en sus planes viajar a toda Europa con el afán de ilustrarse, como se hacía en el siglo XVIII, pero tampoco se contagiaba del romanticismo exotista, del siglo siguiente. Estaba constituido como un realista, quizás el primer viajero moderno, sabiendo que todos somos turistas, que estamos de paso por la vida.
La otra parte del título de esta redacción puesta en segundo plano, se llama “Memorias de un Turista”, posiblemente en homenaje al diario personal homónimo que Stendhal publicó en 1838, en el que se describe como un comerciante dedicado al hierro viejo; y también menciona cuando visitó en Florencia la basílica de Santa Croce, y sufrió el actualmente denominado “síndrome Stendhal”, que refiere a quien sufre desmayos y taquicardias, ante la visión de una obra de arte o un paisaje hermoso.
A partir de este momento, surge lo que yo llamaría el “Largo Camino al Turismo”, del cual aparecerán otros personajes históricos que le darán forma a este ámbito: es el caso de Thomas Cook, el creador de la primera agencia de viajes, o el renombrado en nuestro país, El Perito Francisco Pascasio Moreno, que fue enviado a las exploraciones relacionadas con la expansión territorial hacia la Patagonia.
Sin embargo, han pasado más de 150 años, y pese a los cambios que dieron magnificencia al Turismo (instituciones, apoyos del sector privado, planes y política de estado, protocolos internacionales, conferencias, marketing, etcétera), la esencia de viajar, de conocer el lugar, de aprender, de explorar, sigue y seguirá intacta.
Porque de eso se trata, de viajar a ninguna parte. Y allí, los guías estaremos a su servicio.